«Seis y medio cuenta lo que quiere. Y lo hace en virtud primero de sus actores, Homero Rodríguez y Cristina Rojas, magníficos ambos…»

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Crítica de Pablo Bujalance en el periódico Málaga Hoy con motivo de su estreno en el Festival de Cine de Málaga:

En muchos sentidos, Seis y medio, el primer largometraje de Julio Fraga, juega al despiste. Su asumida connotación de película hecha con cuatro duros (el crowdfunding obró el milagro), aunque de impecable factura, parece convertirla en carne indie para hipsters reciclados, pero resulta todo un acierto el modo en que el filme juega a seguirle el rollo al asunto generacional sin hacerlo en absoluto (no está el invento exento de ironía en este sentido).

Festival de Cine Málaga

Fraga mete a sus dos actores en un apartamento al que quizá le sobra limpieza (y dimensiones, por más que los espacios estén bien aprovechados y jueguen a favor de la película) y en eso consiste Seis y medio, con contadas ventanas abiertas a una ciudad testigo. La naturaleza teatral del filme se resuelve en positivo, esencialmente porque, salvo algunos apuntes innecesarios de cámara lenta y otros hallazgos gratuitos, todo está bien rodado y en su sitio.

El peor enemigo de la película es su guión, excesivamente literaturizado y alejado de la tierra y el suelo que piden a gritos unos personajes inevitablemente desdibujados: por muy profesor de literatura que sea uno, la sintaxis que se emplea en la expresión oral es siempre más sencilla, así como la retórica. Por no hablar de los lugares comunes y los falsos cables lanzados al espectador que habría que haber eliminado del papel, así como cierto empeño en hacer explícito lo que habría quedado mejor solamente sugerido. Pero al final, y esto es lo importante, Seis y medio cuenta lo que quiere. Y lo hace en virtud primero de sus actores, Homero Rodríguez y Cristina Rojas, magníficos ambos, que aportan toda la verdad que una historia tan limitada exige y que se sobreponen a la carencia de recursos argumentales. Y también, más aún, en la dirección de Julio Fraga, solventada con una sensibilidad admirable y un amor proverbial a sus actores (el material sensible se trata aquí con una exquisitez inusual en el cine español).

Sólo el final basta para adjudicar el notable. Con lagrimita y todo.

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